9.11.07

quinta

Tuve un día una perra, que me dejaron de prestado hasta que se pusiera buena. La quise tanto como nunca he querido a ningún animal. Se fué a Barcelona, encontró familia y me dejó aquí, tan sola...

Todos los días me acuerdo ella, de cómo su dueño le pego una paliza que la dejó sin dientes y también de los perdigonazos que le metió para que se fuera después de haber parido. Se la encontraron en un parque, debajo de un arbol donde habia decidido morir, pero un ángel se la encontró y otro la trajo a mis brazos. Llegó y ni se movía, pero poco a poco se fue recuperando. Venía a darme los buenos días a lenguetazos y se subia en mi cama, en el sofá y en los sillones. Era floja como ella sola: unos metros, pipí, otros metros, caca y hala, pá casa. Lo que más le gustaba era el sofá y poner la cabeza en la almohada, y para dormir algo mullido, que ya lo había pasado bastante mal en la vida. Cuando se alegraba mucho se ponía a dar bocados al aire con los pocos dientes que le quedaban y parecía que se reía...la echo tanto de menos!!